como funcionan los prestamos

CÓMO FUNCIONAN LOS PRÉSTAMOS: LAS RESPUESTAS A TUS PREGUNTAS

¿Cómo funcionan los préstamos?. La pregunta podría tener muchas respuestas válidas. De hecho, más allá de explicarte el proceso de concesión y pago del que es uno de los productos bancarios más utilizados, también podría ser una reflexión sobre la gestión inteligente de las finanzas personales, un tema de actualidad con la transformación que está suponiendo el auge del fintech.

Pero para reflexionar y ayudarte a que tus decisiones financieras te lleven dónde realmente quieres, es fundamental tener claros los conceptos básicos. Por eso, antes de seguir con este tema de cómo funcionan los préstamos con un enfoque poco usual, vamos a comenzar por esas definiciones que nunca viene mal recordar.

Cómo funcionan los préstamos: la definición desde la que partir

Los préstamos son un servicio bancario que te permite disponer de un capital mayor del que tienes para adquirir bienes o para hacer inversiones. Probablemente esto ya lo sabes. Pero tras esa definición tan de diccionario hay un montón de cosas que se pueden conseguir con un préstamo que de otro modo resultaría mucho más difícil. Por ejemplo, mejorar tu carrera profesional ampliando estudios, tener el coche que necesitas, montar tu propio negocio y hacer realidad un sueño del que puedes vivir, comprarte ese móvil que sabes que te dará muchas satisfacciones, hacerte con un nuevo portátil con el que estudiarás o trabajarás mejor...

Cómo funcionan los préstamos o por qué puede ser inteligente solicitar uno

Las cosas a las que hemos hecho mención anteriormente son solo algunas de las que más a menudo motivan la contratación de préstamos. Puede que algunas personas crean que solicitar un préstamo resulta absurdo, y que solo se debería vivir con lo que realmente se tiene. Sin embargo, esa tesis no es correcta, al menos no si se analizan bien las situación y se solicita un préstamo habiendo tomado una decisión financiera inteligente. Seguramente con algunos ejemplos quede mucho más claro:

  • Tienes un ordenador que va lento, o tiene problemas técnicos que complican tu jornada como estudiante y te hacen dedicar el doble de horas a tus trabajos.

Puedes quedarte con la tesis de tener solo aquello que puedes pagar sin financiación y seguir invirtiendo el doble de tiempo de lo habitual. Puede que no duermas mucho, que acabes notando un peor rendimiento o que te estreses por no cumplir con tus expectativas y no disfrutes de tiempo libre.

O puedes crear un plan para financiar esa compra necesaria. Plantearte, por ejemplo, comprarlo con un préstamo y pagarlo poco a poco reduciendo tu gasto en ocio.

  • Eres autónomo y aunque tu negocio va bien, invertir en un servicio de digitalización cuyo coste es elevado te ofrece un potencial de crecimiento en número de clientes del 30% anual.

En este caso, puede que no tenga demasiado sentido posponer la utilización de un servicio que te ayudará a crecer, conseguir clientes y ganar dinero hasta que consigas el dinero para pagarlo. ¿Has pensado cuántos años van a pasar hasta lograrlo con ahorros? ¿Has echado la cuenta de cuántos clientes habrás perdido como potenciales en todo ese tiempo?

  • Tu coche todavía va bien, pero el consumo es elevado y tus dos hijos pequeños no van tan cómodos como te gustaría, además del tiempo que supone subirlos al vehículo por las dimensiones de este. Además, al no tener más que cuatro plazas, no podéis llevar a la abuela cuando vais todos.

Es cierto que tu coche va bien y que podéis seguir viviendo con él. Pero si realmente los números salen, porque has hecho un plan de cómo pagar ese préstamo que te permite comprarte uno nuevo más adecuado a tus circunstancias, ¿has echado la cuenta del valor que tiene la comodidad, el tiempo que te ahorrarás y el disfrute de poder pasar tiempo con toda la familia?

“Endeudarse” puede ser bueno, pero siempre apostando por la lógica

La tesis de que los préstamos no son buenos no es acertada. De hecho, con una reflexión en profundidad de cómo funcionan los préstamos llegarías a la conclusión de que son un instrumento con el que se pueden conseguir grandes progresos, tanto a nivel formativo como familiar o profesional. Eso sí, es fundamental que eches bien las cuentas y tengas los pies en la tierra. Tanto para reconocer aquello que vale la pena adquirir solicitando un préstamo, como para ser consciente de lo que de verdad te puedes o no permitir con tus finanzas.

De hecho, lo ideal sería que lo que quieras adquirir te ofrezca una mejora sustancial de tu vida o signifique que puedes avanzar más rápido en cualquier aspecto que tú desees. Al mismo tiempo, hablando de finanzas, la regla casi mágica de no endeudarse por encima de un 40% de los ingresos que se tienen (a poder ser dejando algo más de margen por posibles futuros cambios de situación), debería ser el caballo de Troya a considerar antes de tomar ninguna decisión.