supervivientes

los supervivientes

02/04/2019

En la Segunda Guerra Mundial las probabilidades de que un bombardero fuera derribado eran muy altas, por lo que las Fuerzas Aéreas del Ejército de EE.UU. buscaban mejoras permanentemente. Su principal problema es que no podían simplemente blindar todo el avión porque entonces el peso impediría que el avión pudiera volar.

Por lo tanto, iniciaron una investigación para descubrir los puntos a proteger. Para ello estudiaron todos los impactos recibidos por sus aviones y obtuvieron la siguiente imagen: [1]

Tras ver la imagen, los ingenieros militares decidieron que lo mejor era proteger las partes que más daño solían recibir: las alas, la cola y el cuerpo del avión.

No obstante, antes de que lo hicieran, su estudio cayó en las manos de Abraham Wald, un matemático que trabajaba para el ejército. Wald les indicó a los ingenieros que si hacían lo que pretendían estarían cometiendo un gran error. ¿Por qué?

Porque las zonas que querían cubrir eran justo las que no necesitaban protección, al fin y al cabo, pese a haber recibido disparos en esas zonas, los aviones habían vuelto con sus pilotos sanos a casa y por eso habían podido ver los impactos recibidos.

Wald se dio cuenta de que los agujeros de bala mostraban donde se podía disparar a un avión y no derribarlo. La razón por la que no había agujeros en otras zonas era porque los que fueron disparados ahí no sobrevivieron para contarlo y, por lo tanto, no habían podido ser incluidos en el estudio.

Los ingenieros militares estaban cometiendo un error muy común, se estaban fijando solo en los supervivientes, no en toda la muestra de aviones que salían de la base. ¿Por qué? Porque el resto eran invisibles para ellos.

En cualquier proceso en el que solo tenemos datos de los supervivientes el resto se vuelve invisible y tendemos a prestar más atención a los que han sobrevivido, los que han tenido éxito y, en muchos casos, suerte.

Evidentemente, las conclusiones que sacaremos sobre la probabilidad de triunfar en algo no son iguales si nos fijamos solo en los ganadores que si incluimos también a los perdedores.

Quizás es por eso por lo que cuando Rafa Nadal ganó el campeonato de España de tenis sub-12 su tío Toni le empezó a recitar los nombres de todos los que habían ganado el título antes que él, para que se diera cuenta de que muy pocos habían conseguido triunfar posteriormente en el tenis y que si él quería hacerlo más le valía trabajar.

Esto también aplica al mundo de la inversión, donde este efecto[2] puede afectar mucho a las decisiones que tomamos. Por ejemplo, el universo de fondos existentes está compuesto solo por los supervivientes y no incluye todos los fondos que se han ido cerrando por el camino[3].

Es una de las razones por las que, a la hora de elegir cualquier inversión, es necesario hacer un análisis profundo, para saber si los supervivientes lo fueron porque eran mejores o simplemente porque tuvieron más suerte.

Esto es así porque si el número de pilotos/gestores del que partimos es suficientemente grande, muchos sobrevivirán varios vuelos/años sin ser derribados, por pura suerte aunque sean mediocres, pero será cuestión de tiempo que acaben sucumbiendo a la reversión a la media. Sin embargo, los que lo hagan por habilidad tendrán una media propia, muy superior, a la que revertir.

Para ver un ejemplo del análisis que hay que hacer y siguiendo con la analogía entre pilotos y gestores, pongamos que un piloto ha vuelto 10 veces sano y salvo. “A bote pronto”, muchos podremos pensar que ese piloto va a seguir volviendo sano y salvo en el futuro[4]. No obstante, si lo pensamos bien, igual la única razón por la que lo ha hecho hasta ahora ha sido la suerte.

La forma de diferenciar entre si el piloto ha tenido suerte, o realmente es mejor piloto que sus difuntos compañeros, es averiguar si estaba haciendo algo distinto, conocer su proceso. Para ello habrá que investigar si vuela a una altitud diferente, si hace giros bruscos cuando sobrevuela zonas con cañones, si solo vuela cuando hace buen o mal tiempo, etc. y comparar su proceso con el que tenían los que no sobrevivieron.

En definitiva, solo siendo conscientes de la existencia de los no supervivientes podremos entender las razones por las que sobrevivió el resto y tomar así mejores decisiones de inversión.

 

[1] Fuente: McGeddon - Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=53081927

[2] Los ingleses lo llaman “Survivorship Bias”

[3] Los fondos suelen cerrarse porque no tienen suficientes activos bajo gestión como para producir beneficios para su gestora y eso suele pasar porque la rentabilidad no ha sido buena o porque el tipo de activo en el que invierten no es muy demandado. El proceso de cierre de un fondo no implica que nosotros como participes perdamos dinero, el gestor simplemente vende las acciones y bonos que tiene y nos devuelve nuestro dinero.

[4] Precisamente porque todos pensamos eso “a bote pronto”, los reguladores obligan a especificar que “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”.

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