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LA REGULACIÓN MIFID II SIN ROLLOS. ¿QUÉ CAMBIA PARA TI COMO INVERSOR?

Seguro que has visto en más de una ocasión “Midif II” en artículos, alguna noticia de televisión… y más o menos entiendes que es algo que tiene que ver con los bancos y con las inversiones pero no has profundizado mucho más (quién no huye de las palabras complicadas del mundo de las finanzas… ), pero ¿sabes qué? te interesa mucho entender en qué consiste, porque afecta a tu bolsillo. Te explicamos de manera clara y sencilla en qué consiste la regulación Midif II y en qué te beneficia.

¿Qué es la regulación Mifid II?

Mifid II es una normativa europea que entrará en vigor el 1 de enero de 2018. En realidad, ese es el nombre que se le da de forma común aunque si quieres saber más sobre ella a través de entes oficiales de la UE te recomendamos que la busques con su nomenclatura oficial: Directiva 2014/65/UE.

Seguro que te has planteado que si se llama Mifid II es porque en algún momento hubo un Mifid I. Estás en lo cierto. De hecho, esa norma es la que actualmente está en vigor y que se puso en marcha en 2007. En aquel momento sirvió para armonizar la regulación sobre productos de inversión, mercados, y la relación de las entidades bancarias con los consumidores de este tipo de servicios. La propuesta surtió efecto. Hoy en día todos los países que forman parte de la Unión Europea tienen unas aplicaciones muy similares en esta temática.

Ahora bien, Mifid II quiere ir más allá. Lo que se pretende no es otra cosa que apostar por un sistema financiero global en la UE más seguro, transparente y responsable. Y de ahí salen un montón de propuestas y cambios que se convertirán en ley este año 2018 y que supondrán sanciones a las entidades que no los apliquen.

No me aclaro…. ¿Qué cambia para mí esta nueva normativa?

Vale. Mifid II es una ley que sustituye a Mifid y que supondrá cambios importantes en el sector bancario que oferte productos de inversión para que los procesos sean más transparentes, seguros y responsables. Hasta aquí todo bien. Pero queremos contarte exactamente cómo te afecta a ti. Al fin y al cabo, tú no eres un banco, sino un usuario de este tipo de servicios. A continuación, los principales cambios que llegarán en 2018:

Clasificaciones de clientes

La regulación Mifid II obliga a la banca a hacer una clasificación de clientes en la que por tus condiciones te englobará en uno de los tres siguientes apartados. En base a ello, podrá ofrecerte un tipo de producto u otro, limitando la contratación de los más complejos a clientes que posean conocimientos avanzados:

  • Cliente minorista. Es el que más preocupa a la UE y que más protegido se encuentra en la normativa. Se obliga a las entidades a ofrecerles únicamente productos básicos y a ofrecerles asistencia antes de la contratación, durante y tras esta.
  • Cliente profesional. Se trata de clientes informados que pueden tomar sus propias decisiones y asumir los riesgos de estas. Para evitar problemas de clasificación, la normativa establece que solo se pueden encuadrar en esta categoría si se cumple al menos una de estas 3 condiciones:
      1. El usuario ha realizado operaciones en el mercado de valores con un volumen significativo y, además, lo ha hecho con una frecuencia de al menos 10 por trimestre en el último año.
      2. Si se posee una cartera de depósitos e instrumentos de finanzas en efectivo que sea superior a un valor de 500.000 euros.  
      3. El cliente ha ocupado durante al menos un año un cargo profesional del sector financiero en el que se exija conocimiento de la operativa de productos de inversión.
  • Cliente contraparte asignada. Solo se califican como tal los clientes de máximo conocimiento, experiencia y capacidad. Para dicha clasificación se tiene en cuenta que intervienen de manera frecuente y directa en los mercados financieros.

Precisamente abogando por la transparencia, tras ese estudio y clasificación de cada cliente, el banco debe comunicárselo a este, que dispone de la posibilidad de solicitar con argumentos y las pruebas que estime oportunas su cambio de tipología.

Clasificaciones de productos

Pese a que la normativa Mifid II no establece una clasificación como tal, en la aplicación bancaria sí que se hace hincapié en dos subtipos de productos: no complejos o productos bancarios y complejos o productos financieros. Para comprender mejor estos dos conceptos, te mostramos las características que deben cumplir unos y otros según la Comisión Nacional de Mercados de Valores.

Productos bancarios o no complejos

Algunos ejemplos de productos que puedes contratar en un banco que responden a esta definición son: acciones cotizadas en mercados regulados, inversiones en Letras del Tesoro y bonos del Estado, fondos de inversión tradicionales, etc.

Todos ellos se caracterizan por lo siguiente:

  • Permiten un reembolso frecuente a precios que el público puede conocer. Es decir, es fácil saber su valor en cualquier momento y liquidarlos.
  • La pérdida debe estar limitada al capital invertido inicialmente.
  • El inversor puede encontrar de manera sencilla información completa, comprensible y pública sobre las especificaciones del producto.
  • No son productos que puedan definirse como derivados.

Productos financieros o complejos

Algunos ejemplos de estos productos, solo aptos para inversores expertos con formación y experiencia podrían ser: derivados y futuros, swaps, warrants, CFD, depósitos estructurados con apalancamiento, etc.

La definición de productos financieros o complejos en Mifid II es “aquellos que no cumplan todas o alguna de las características que se enumeraron en productos bancarios o no complejos”. En realidad, todos ellos tienen un riesgo elevado, escasa liquidez y no permiten conocer el valor que tienen en cualquier momento.

Dependiendo de tu clasificación como cliente te ofrecerán unos, otros o ambos. De todas formas, en cualquiera de los casos que se quiera proponer la contratación de un producto complejo la entidad siempre debe hacer al cliente final un test de idoneidad.

Así, por ejemplo, si eres uno de esos inversores a los que pueden clasificar de minoristas, pero hasta ahora tenías un depósito estructurado (une las características de un depósito clásico de renta fija combinándolo con renta variable distribuida en activos que pueden ser cestas de acciones, fondos de inversión u otros, de los cuales no puedes conocer el valor real en cualquier momento), a partir de 2018, tu entidad debe hacerte este examen llamado test de idoneidad. Esto es así porque ese producto deja de considerarse bancario y pasa a ser clasificado como instrumento financiero.

Otros cambios relevantes en vigor con Mifid II

  • Transparencia como norma. Alcanzar una transparencia óptima es uno de los objetivos de Mifid II. La banca debe cambiar todos los documentos que utiliza como medio de información y en muchos casos los contratos con el fin de que dejen bien clara su finalidad y los riesgos que comportan.
  • Test para establecer el perfil del cliente. Hasta ahora no era necesario evaluar por escrito y en formato exámen a los clientes. Con la normativa Mifid II, será un requisito obligatorio para poder ofrecerte la contratación de los productos más complejos.
  • Formación del personal obligatoria. A partir de enero de 2018 no será posible ofrecer estos servicios si no es por parte de personal formado y certificado. La banca debe invertir en ofrecer esta formación a sus empleados si les quiere seguir manteniendo en los puestos que actualmente ocupan y no perder cuota de mercado frente a la competencia.
  • Cambio en el planteamiento de las comisiones. Si los productos contratados tienen distintos costes, estos deben detallarse y presupuestarse por separado. Afecta sobre todo en el caso de entidades que unían en el mismo precio lo relativo al acceso a investigaciones de terceros y lo relacionado con la gestión de dicho producto.

Como ves, la entrada en vigor de Mifid II es positiva para ti como usuario. En realidad, se le exige al sector bancario la máxima transparencia y se mantiene la posibilidad de comercializar con productos de alto riesgo, aunque restringida a aquellos usuarios que realmente los conocen y los quieren asumir en pro de un beneficio económico mayor. Por tanto, como consumidor no tienes de qué preocuparte. La norma implica transparencia, eficacia, un mayor control en los precios que pagas y la seguridad de contratar únicamente productos que puedas comprender.